EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero]

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martes, 7 de abril de 2015

NARCISO. MODESTO. Y EL AMOR PROPIO.

Gsús Bonilla, para Bebiendo versos

Cabecera de la bitácora Bebiendo Versos

En los tiempos del rigor y el análisis tiene su aquél meterse en el berenjenal de las  ocurrencias. De manera que afrontar un nuevo paisaje sobre la figura de Leopoldo María Panero es penetrar en un atolladero del que uno no sabe bien cómo va a salir. Tampoco es que me importe mucho. Escribes con el único propósito de ser fiel a ti mismo y volver a habitar tu pequeño espacio de libertad absoluta. Tengo idealizada a la poesía —que podría extrapolar al campo narrativo— como un lugar o espacio libre, en el que el individuo obra, o no, según su inteligencia o antojo. Esta afirmación no es nueva, solo es una conclusión simplista que nace después de pasar varias horas, durante semanas, frente al estante de la sección de poesía en una biblioteca pública cualquiera. Una vez encontré un libro de mística allí, mal ubicado. En una de sus solapas estaba escrito: No busques. Aquello que es, es. Detente y mira. Dicho lo cual, tampoco trato de engañar a nadie, ni engañarme a mí mismo. Así pues, otra verdad sería, que en esta nueva propuesta abordé la figura, la vida y obra, de Leopoldo María Panero desde el absoluto desconocimiento, más allá de algún que otro poema que pude leer en estos últimos años, y más por curiosidad que por convencimiento. A decir verdad, siempre fue un poeta que me atrajo más bien poco. Personalmente me es muy difícil tener cierta empatía por aquellos que su proyecto personal, sea del ámbito que sea, esté por encima de todo lo demás. Si acaso, de vez en cuando, te queda reírles las gracias, y a veces de mala gana. En el mundo de la poesía la figura del egoísta moral, tiene mucho recorrido y no dejan de ser curiosos los personajes, a veces sobreactuaciones de sí mismos, que habitan en él. Respetables, por supuesto, pero nada más. Por tanto, Leopoldo María Panero lo que sí me ofrece es una serie de guiños y ganchos para afrontar el derrotero del humor y la ironía (para mi regocijo), con una idea de juego y diversión, para puro disfrute de uno mismo, en un momento complejo de mi vida personal. Una de las conclusiones que podríamos sacar de este autor es la de que era un enfermo diagnosticado y tratado por la Psiquiatría, sí, pero también la de un enfermo de literatura —también diagnosticado—; aunque a diferencia de su mal físico, en este otro mal de espíritu, lo que se atisba es que tuvo un tratamiento diseñado y personalizado por todo aquello que rodea al mundo de la literatura, donde hay mucho de fingimiento, de hipocresía y engaño, y todos estos elementos tienen que ver mucho con la ficción y El del medio de los Panero [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero], entre otras cosas, es un libro de ficción. Y la ficción solo es eso: Ficción.

Pero no sólo de ficción malsevive en la lectura. El libro se compone de tres partes, si bien la dos primeras tienen que ver con la casualidad y la ficción, la tercera no tiene nada que ver con la improvisación y es la más premeditada de las tres, a la hora  de confeccionar el libro, cuyo eje principal iba a ser Leopoldo María Panero. Había un “exceso” de irrealidad en todo, y ciertamente me parecía un cambio muy drástico en comparación con mis anteriores propuestas literarias. El libro, su parte central, está ideada en supuestos encuentros con Leopoldo María, en ese estado en el que uno trata de conciliar el sueño, por tanto el diálogo que acontece está dotado de imposibles y absurdos, en ocasiones rozando lo delirante. Pensé que no estaría de más darle algo de equilibrio a la propuesta, porque también sería bueno para dar credibilidad a mi personaje; entonces tenía que ofrecer en una de las partes del libro esa veracidad que rodea al mito Leopoldo María Panero y situarlo en contraposición al hecho ficticio, y quería hacerlo con alguien cuya experiencia vital con el autor había sido vivida en primera persona. En un primer momento concebí esta particularidad como una especie de epílogo para cerrar el libro, pero estos procesos creativos son muy enriquecedores cuando los compartes y no los guardas en tu estudio como si fuese el mejor de los tesoros; en esa peripecia de dar a leer a unos y otros tus borradores surgió la idea de por qué en vez de uno, no fuesen varios los que aportasen su punto de vista en esta parte del libro, y además, por qué no hacer que este acontecimiento se apuntalara desde diferentes perspectivas; por tanto, lo que ocurre en este extenso epílogo es que se ha convertido en, como dije, la parte tercera del libro, y, no me cabe duda, que la más importante, cosa que agradezco inmensamente a quienes han colaborado en ella. En la misma se dan cita editores, poetas, creadores, libreros, críticos, periodistas, lectores, amigos personales del poeta, que se suceden entre sí construyendo de esta manera una nueva realidad de Leopoldo María Panero, muy similar a la que todo el mundo ya conoce, pero que en este caso, la diferencia radica en que la mayoría de los/as que proponen este nuevo panorama no sale en ninguna de las biografías o ensayos de los que se hayan podido escribir hasta ahora sobre el poeta. Y esta propuesta literaria se ha agrandado y enriquecido gracias a los autores que en ella han colaborado: Alberto García-Teresa, Alex Portero, Alpasky, Ángel Guinda, Charo Fierro, David González, Elba Martínez, Eloísa Otero, Esteban Gutiérrez Gómez, Felipe Zapico, José Ángel Barrueco, Julio César Álvarez, María Ángeles Maeso, Óscar Ayala, Sor Kampana y Vicente Muñoz Álvarez. Así como la magnífica aportación para la cover de este libro, sobre una instantánea de Leopoldo María Panero en la Plaza de las Palomas de León, obra del fotógrafo leonés José Ramón Vega.

miércoles, 4 de marzo de 2015

[Aparición XXVIII] 29/11/2014 (Extracto)

Nota: Qué se le va a hacer querido Leopoldo María, Google hoy dedica su doodle a un tal Gerardus Mercator por el 503 aniversario de su muerte; con la ilusión que te hacía ¿eh?. Pero ya lo sabes, los veteranos son los veteranos, las canas son un grado, y en la nada también...



[Aparición XXVIII] 29/11/2014 ó Dicen que estoy vivo y me llamo de algún modo y vanamente escribo, sobre la sombra cruel de la pared. (Extracto)

—¿aló?... ¡holaaaaaaa!...; ¿hay alguien?...

—eh, sí... claro...
—¡ese bonilla!...; tío, estás marmota total... coño, que ya amaneció...
—hey leopoldo...; ostras, sí, sí que se ha hecho de día... pero tú... ¿tan tarde, por aquí?...
—por supuesto, cómo no, claro que sí... de guardia, 24 horas... after hours... seven & eleven, pa lo que sea menester, faltaría más...; oye bro... que digo yo, y en vista de que tú pasas de estas historias..., pero en el tema de mi aniversario... que tendremos que hacer algo conmigo, ¿no?...; tú ya sé, pero, para mí esto de pintar la mona siempre fue mu de mi agrado..., así que...
—¿el de tu muerte?...; leopoldo, no jodas... si todavía queda mucho para eso...
—anda, mírale... qué jodío...; me la suda bro..., que aunque tu seas un muermo, a mí no me vas a joder... ¡tú no sabes lo que me quiero yo, y el amor que siento por mí mismo!...; no, no, tú qué vas a saber... si eres la falta general de ciencia y cultura..., el desconocimiento y la inaptitud...; amos, la ignorancia con patas...
—joder macho, el constipado te ha dejado mal, ¿eh?...; pero, si no te va a faltar de nada... no te preocupes, leopolodo...; ya verás cuando se vaya acercando la fecha...; conmemoraciones y homenajes, los vas a tener a espuertas...; vamos, vas a estar más que cumplido... vaya que sí...
—¿en serio?; joder bonilla, me das un alegrón...
—si hombre, sí... o es que ya no te acuerdas de la parafernalia que acompaña a estas cosas...; vamos, y libros sobre ti, ni te cuento... además, acuérdate de todo el material inédito que tienes por ahí, desperdigado... lo vas flipar...
—¡coño, pues si que!...; ya pero, también me la suda mucho... amos, que me la pela...; porque fíjate tú a las alturas que estamos del año... y allí ando...
—¿dónde?...
—sí, sí... ahora, no te hagas el mortadelo...; allí están mis pavesas, en el hospital del tocapelotas ese de negrín... allí, en las palmas...; no sé qué pollas pinto allí todavía..., anda que tú también, anda que me hiciste el recao que te mandé...
—ostras, ¿sí?...; bueno, yo no fui, por lo que no fui... y lo sabes...
—bonilla, bro...; pero yo ahora lo que más quiero en la inopia... lo que más ilusión me haría de tó las cosas, ¿sabes?...; ¿sabes, lo que sería?...
—pues no leopoldo, no lo sé...; venga va, dispara...
—pues es que, el guguel ese, me hiciese un doodle de esos...; y que apareciese la noticia en tó el interné, y en los periódicos, y en las televisiones... y en las radios, sí, también en las radios...; una cita de esas, que diga, como por ejemplo... “una vez más, el buscador guguel brinda un homenaje a un escritor excelente, maximus entre los de su especie, el más importante, el mejor de tós”...
—¡coño, bro! ¿los dibujines esos del google?...; claro, eso estaría muy bien...
—bueno...; y si me dejas, ya que estamos, también me haría mucha ilusión tocártela...; tocarte la morcilla, digo...
—ya estamos...; ¡joder panero!... que no, ya te lo dije la otra noche...
(...)


EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero] (Lupercalia Ediciones, 2015)

viernes, 20 de febrero de 2015

el «tit for tat» que, por su juego de dardos y flechas, de coñas y contracoñas, mantuvieron en vida el Leopoldo y el Michi

Me preguntaba por qué nos gusta tanto el morbo, el por qué de esa curiosidad hacia lo desagradable, lo cruel; ese huronear en la pobre vida de los otros. Puede que porque nos fascine la vida privada de los demás, o probablemente, porque nos gusta sólo sí porque sí, no lo sé. A mi juicio es que hay algo de emocional en ello. Un poco porque somos seres impresionables y cobardes, con el deseo de asumir la vida de otros, cualquier otra al margen de la rutina y el hábito propios; luego, hay un mucho por el mero hecho de que somos así por naturaleza, curiosos e impertinentes seres sociales, que nos alegramos o nos decepcionamos con el fracaso o el acierto del semejante. Quizá todo tenga que ver con la autodefensa, o puede que no, y que todo sea autocomplacencia o el mismo gozo.

Como una malsana afición, la simpatía o el desprecio por el clan Panero. No sé si otra familia literaria ha despertado tanto interés para el que escribe, para el que lee. Supongo que la miseria y el descrédito es el mismo sustento para unos y otros. Pero si hay alguien, dentro de esta estirpe, que destaca en menoscabo y jaculatorias son, por este orden, Leopoldo María y José Moises Santiago [Michi] Panero; que desde que tuvieron conocimiento para discernir asumieron ese rol sustancioso y vitaminado, maná de fábula y mito, de pertenencia y supervivencia, de realidad. Dos figuras, mano a mano, estirando como chicle viejo la  leyenda.

El cineasta Ricardo Franco junto a Leopoldo María Panero 
y Michi Panero. Foto de Ricardo Gutiérrez. Febrero 1995

Más allá que mis ganas de ganear con las palabras y los pensamientos, que me asaltan mientras desarrollo una ficción para mi recreo y el posible divertimento de otros, me interesaba para Las apariciones apócrifas el «tit for tat» que, por su juego de dardos y flechas, de coñas y contracoñas, mantuvieron en vida el Leopoldo y el Michi; quizá porque entendí que la verdadera hostilidad se daba entre Leopoldo María y Juan Luis, el mayor de los Panero, como se cuenta en la biografía de J.Benito Fernández, El contorno del abismo, donde sostiene el biógrafo que «los dos hermanos mayores se ignoraban ceremoniosamente». En mi irrealidad, por motivos festivos, solo doy cancha como dije, al Michi. El encuentro se produciría en la Aparición XII, que titulo con unos versos de relación y coexistencia, seguro que creados en otro contexto, pero ahora más que significativos para mí, del poema ‘Contra España y otros poemas de no amor’: He aquí las ratas que molestan a las ratas en el inmenso albañal que se llama vida. 

—jhe, jhe, jhe...
—¡hostia puta, tú!...
—¿ves, josé moisés?, con la hache intercalada, así es cómo se
ríe... así es cómo funciona esto; así que, arreando y a lo tuyo...; y sí, éste es el bonilla que yo te decía... así que puerta, camino y el litri...
—¡panero, tío!...; en cada aparición te superas...
—¡ese bonilla!, ¿a que sí?... jhe, jhe, jhe...
—¡no jodas que ése era tu bro!..., ¿el michi?...; no me dio tiempo de verlo bien.
—sí colega, que está que lo flipa con “el bonilla”...; que si bonilla p’allí, que si bonilla p’allá...
—¡anda!
—pero ya le he dicho: que al bonilla güay, sólo se le aparece mi menda lerenda...

miércoles, 4 de febrero de 2015

qué hijo de puta el asaltacunas...

Es el capítulo VII de Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero y necesariamente habría de llamarse 'Los dioses que matan a los hombres feroces, los dioses más feroces que los hombres',  que son unos versos del poema Pavane pour un efant défunt, perteneciente al libro Narciso en el acorde último de las flautas (1979). El eje de este capítulo es bastante simple, y entronca con alguno de los diálogos de capítulos anteriores. A saber: En el otro mundo Panero dispone de conexión Wifi e internet, lee prensa y videa porno, aunque de esto último no le guste sacar el tema y reconocerlo; él está a sus cosas, descubriendo la oscuridad desde una nueva perspectiva; asombrándose  de la  nada. Aun así está al loro de todo.

—oye, a lo que iba, que para el rato que te aparezco te enrollas y me distraes y luego se me pira la pinza invisible y me voy sin saber a lo que venía…; ¿has leído el blog del dragó?
—no…; vamos, no acostumbro…, ¿por qué?
—qué hijo de puta el asaltacunas…; y ¡qué resentido es!…; léelo, léelo…
—¡hostia panero!…; vaya mosqueo que tienes, ¿no?…
—ya no que diga que si mi obra es una mierda pinchá en un palo…; que diga, que si lo mío ha sio un postureo tó mi puta vida…; que diga, que si en uno de sus programas de full fue donde se inicio mi leyenda…; que si tal, que si pascual…; pero, ¿sabes lo que más me jode de tó, eh?…
—no…
—pues… que va y dice que los locos no tenemos amigos…; cagüen su puta calavera, tres veces por lo menos…


Pantallazo de Leopoldo María en el programa
de Tve2 Negro sobre Blanco (Leopoldo María
Panero ¿Caso clínico o caso lírico?)
Bien pocas horas llevaba muerto Leopoldo María Panero cuando uno de los muchos obituarios, que por entonces aparecieron en prensa, me dejó patidifuso, por la inquina y el rencor que desprendía; además de la estupefacción que me produjo descubrir quién verdadera-mente había sido el hacedor del hombre y el personaje, de la leyenda Leopoldo María Panero. El texto aparecería en el diario derechista La Razón, bajo el nombre de “El ruido y la furia”, como la novela de Willian Faulkner, en la que también se trata  (con más talento y mucha brillantez) el asunto de la decadencia de los individuos. Lo firmaba uno de los próceres de la literatura y el pensamiento de este país, el escritor Fernando Sánchez Dragó. Yo lo descubrí en la misma web del autor.


Desde las atalayas, los montones de estiércol o los últimos peldaños de las escaleras uno se siente poderoso y siempre todo parece más pequeño de lo que de verdad es. Todo es una ilusión óptica que te reconforta en el poderío de las alturas. Te supones águila y ves a los demás como empequeñecidos ratones campestres. Claro que, la mayoría de las veces, es a otros a los que les aborda el miedo del vértigo. A veces se decide descender cuanto antes de la corona para seguir en la planicie, pero solo a veces.

miércoles, 28 de enero de 2015

Generaciones de paneristas secretos lo reivindican como si les fuese la vida en ello…

Ilustración (Feb. 2007)
"Foto-muerte de
Leopoldo María Panero".
By Lidia Litrán 
¿Y tú, eres panerista? Sí, lo soy. En parte gracias a José Naveiras y a la Revista Es hora de embriagarse [Con Poesía] en la que colaboré y de la que formé parte de su equipo de redacción, desde el nº2 hasta el nº6. Pero fue en su nº0, donde tomé conciencia de lo que representaba la figura de Leopoldo María Panero en el panorama de la poesía contemporánea española. Hasta entonces mi encuentro con la obra de Leopoldo María Panero había sido escasa, por no decir nula. Era la época del Bukowski Club, aquella especie de caótico parnaso en el mismo corazón de Madrid. La historia de este bar en cierto modo va ligada a la de la revista; la historia de la revista, también tiene que ver mucho con Bukowski Club. Fue en febrero de 2007 cuando aparecería el primer número de Es Hora de…  creada por José Naveiras, y que a muchos de nosotros también nos sirvió como plataforma para dar a conocer nuestros trabajos. Aquel Nº0 traería consigo un estupendo artículo de Francisco Javier Casado: "Leopoldo María Panero. Cópula con el cadáver de la poesía"; en él se hace una descarnada pero fiel invitación a acercarse, de una manera honesta, a la figura del poeta. Incluyendo algunos de sus mejores poemas. Y magníficamente ilustrado por la artista gráfica malagueña Lidia Litrán. Tuve curiosidad por acercarme a este poeta y me impresionó; muy posiblemente y en un principio por ese halo de desposeído que emana su figura. Pero también, desde entonces, tengo clavados unos cuantos poemas, ahí, adónde se clava lo inolvidable. Al igual que ahora descubro, pasado el tiempo, revisando notas para dar algo de sentido a este atolladero de EL DEL MEDIO DE LOS PANERO, que Leopoldo María murió mucho antes de la fecha que figura en todos los obituarios publicados en prensa en estos últimos meses. Igualmente, caigo en la cuenta, por qué negarlo, que es más que evidente esta especie de monomanía que tenemos algunos hacia el personaje. Yo, por ello, me alegro.

lunes, 26 de enero de 2015

Invento chistes para hacerme reír a mí mismo.

CORDÓPOLIS, 2012, Imagen de archivo
En los tiempos del rigor y el análisis meterse en el berenjenal de las ocurrencias tiene su aquel. Afrontar un nuevo paisaje de la figura de Leopoldo María Panero es penetrar en un atolladero del que uno no sabe muy bien cómo va a salir, tampoco es que me importe demasiado. Escribes con el único propósito de ser fiel a ti mismo y volver a habitar tu pequeño lugar de libertad absoluta, donde uno es su único defensor. En cualquier caso, volver a redundar en lo dicho sobre el poeta está fuera de mi alcance, cada uno posee unas limitaciones y yo tengo las mías; tampoco es que se pueda decir mucho más de lo ya dicho y escrito, no sé si en este país hay otra figura literaria y contemporánea de la que se haya trazado tanto y tan fielmente su vida y obra. De él abundan las tesis, los análisis, las biografías, las antologías, los documentales, y un largo etcétera más de propósitos y despropósitos. Por lo tanto, qué otra perspectiva podría aportar yo. 

A mí, por la deriva, me ha interesado buscar la benevolencia del sentido del humor para enfocar "Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero"; claro, que el humor visto desde una perspectiva nada convencional en literatura, ultrajando el buen gusto y haciendo de la comicidad un insoportable trapo usado; que aunque no deja de ser un reto, y siempre te quedará la duda de cómo abordó al receptor tu propuesta, la importancia verdadera reside, para mí, en un ejercicio de cierta empatía con tu personaje, serle lo más fiel posible. Lo demás puede que sea o no secundario, pero no me preocupa tanto.

Posteriormente uno se reafirma en lo escrito cuando descubre en la realidad piel de su personaje que ese contexto de lo impertinente e incluso lo soez, es un ecosistema por el que este animal de la literatura española caminaba autónomo y libre, quizá como último reducto de libertad; quizá fuese esa [su] espontaneidad, la única licencia tolerable al enfermo mental, y a mi juicio, ese algo identitario que nadie fue capaz de conducir o gobernar nunca. Esa literalidad que, quizá por ser una expresión natural, fue difícil y compleja de ficcionar.


Finalmente, por si me quedaba alguna duda, sería uno de sus poemas el que alejara estos pocos interrogantes y  todo fuese más simple: Invento chistes para hacerme reír a mí mismo. Es lo que dice un verso en  uno de sus poemas, y, qué queréis que os diga, particularmente me parece de puta madre.

viernes, 23 de enero de 2015

... ya sé de sobra que soy la cúspide de la alucinación.

«Unos lo consideran el poeta más grande de las últimas décadas; otros creen que es más personaje que autor. No se sabe dónde termina la ficción y dónde empieza la realidad, seguramente porque están solapadas. “Tan pronto estoy loco como estoy cuerdo”; “En definitiva ser loco o no ser loco es tener o no tener amigos”; “Sólo soy a ratos”; “Yo seré un monstruo, pero no estoy loco”. Leopoldo María se propuso ser un poeta maldito, el último de la historia, ejerciendo full time, como si se tratase de una profesión liberal cualquiera, y tuvo que apechugar con las consiguientes incomodidades o arideces: volverse loco, ir de manicomio en manicomio (recorriéndose toda la Península, hasta acabar en las islas Canarias), sufrir los estragos de la medicación, dejarse violar por otros enfermos por un paquete de tabaco, etc. Lo que se dice una vida bastante perra. Cuando se queja de que sus hermanos no van nunca a verle al psiquiátrico, conmueve realmente. Contagia la pena. “A Michi le quiero un poco, y a Juan Luis también le quiero un poco, pero en fin… Seis años sin que vengan por lo menos un día a traerme chocolatinas… Eso no se comprende, joé…”. Si a alguien le queda la duda de si está loco o se lo hace, basta con escuchar su risa para confirmar que sí, que está como una regadera. »

Leopoldo María Panero (Fotograma de "El Desencanto", 1976
En el imaginario de “EL DEL MEDIO DE LOS PANERO” habría de construir unos acontecimientos ficticios, al margen del sentir que en realidad me produce Leopoldo María Panero, lo cierto es que no tardo en empatizar con mi personaje, que aún siendo producto del invento, no se aleja casi nada de la verdad, su verdad, que acompañaba al Panero de carne y hueso, me cae bien y termino defendiéndolo; no obstante, no habría de permitirme más juicios de valor. 

Si bien quise  navegar entre la fantasía y la vida, todo sucede dentro de un espacio concreto y dentro de unos límites temporales precisos, es decir, lo que abarcaría casi que su primer año a las afueras de aquí, en la otra dimensión, en un nuevo limbo. Allá donde no se es, pero que sin embargo es el lugar, sin tiempo, donde suceden los hechos.

Es un nadie  que posiblemente haya hecho la mejor poesía que se ha escrito en este país, que vive y actúa, en un principio de modo voluntario, pero forzoso e irremediablemente con el paso del tiempo, fuera de las normas sociales comúnmente admitidas por la comunidad. Entiendo entonces que es casi imposible inventar otro diferente, para que sea creíble. 

Han sido muchos los que han pincelado y bosquejado su historia; la han extendido 
hasta límites insospechados, haciéndola más maldita de lo que en un principio pudiera parecer, por marketing o por idealización, no lo sé, pero lo cierto es que unos y otros han acertado en lo más evidente, en la fragilidad del ser humano y en la excentricidad del personaje. Supongo que Leopoldo María era así, sin términos medios.


Consulté unas cuantas semblanzas y caracterizaciones sobre su persona, aunque las descarté todas, porque era más que evidente fijarse en él y en su realidad que volver a redundar en lo ya dicho. No obstante, algunos textos me parecieron tan interesantísimos que no me resisto a compartirlos, como este de Ernesto Baltar en su articulo “Los Panero, un fin de raza literario”, para la revista digital Jot Down (Mayo.2012).

martes, 20 de enero de 2015

La sonoridad de mi voz está en mis narices…

 Imágen creada con VOICE DRAW: herramienta Flash
 para dibujar con tu voz
.
 Los trazos van cambiando de dirección
dependiendo del volumen del sonido
 que el micrófono capte.

“Una de las características físicas más pronunciadas de Panero es su voz. Voz áspera que parece brotar de un pecho de caverna prehistórica, letanía a menudo ininteligible que somete al receptor a un estado de continuo estrés auditivo. Las citas con las que salpica continuamente su discurso suele recitarlas en el idioma original -francés, italiano o inglés- convirtiendo su mensaje en una textura discursiva de carácter babélico.”

De las cosas que me han resultado más dificultosas a la hora de concebir este compendio de “apariciones apócrifas” ha sido el imaginar cómo sería la voz que me interpela en los sucesivos diálogos. Qué sonido produciría el ya ficcionado Panero, ese algo impalpable que habría de intercambiar pensamientos y emociones, aleatoriamente, a salto de mata y siempre según le viniese en gana, conmigo. 

A menudo me llegaba el conflicto a la hora de decidir si poner en situación o no al lector, ponerle en ambiente o marcarle algunas pautas para la comprensión de cada texto. Desarrollar un inicio, proponerle algunas razones para emplazarlo a un desenlace final. Que me perdonen los futuros lectores, si es que hay algo que perdonar. Pero la exposición de textos habría de ser más sencilla, más visual; algo que aportase una clarividencia que se acercarse lo más posible a mi experiencia nocturna con aquel ente, que llegase casi a lo ininteligible favoreciendo el factor de espontaneidad,  transmitiendo la mayoría de las veces una información imprecisa, de manera que se llegara a concluir: esto ha de ser así porque el que habla y comunica es un personaje inexistente. 

Aunque en las conversaciones hay cierta disimilitud entre el emisor, que expone el mensaje, que aportará toda la naturalidad y franqueza que le es posible, y el receptor, que solo se limita, con alguna excepción, a asentir, el juego está en el diálogo, lo único irremplazable y necesario para que en —Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero— y a través de su exposición habrían de hacer, por sí solas, creíble aquella voz, como si se tratase de algo verdaderamente irreal.

Si que es verdad que, en esa figuración, y al margen de los mensajes, cada lector va a percibir sonidos diferentes, bien diferentes a los que yo creo intuir; siempre bastantes cercanos a lo que nos pueda retrotraer la memoria, bien porque previamente oímos alguna vez al Leopoldo María real, en los múltiples archivos sonoros y audiovisuales que podemos encontrar en la red, o, simplemente, porque alguna vez se tuvo la posibilidad de intercambiar con él unas palabras. En cualquier caso, si habría de describir su voz, no podría hacerlo mejor que lo hizo Blanca Fernández en sus anotaciones, en el artículo Leopoldo María Panero: “…Y yo era feliz, y no estaba muerto” para la Revista Fábula, Nª23, junio 2007:



domingo, 18 de enero de 2015

La aparición del otro día.

"Fortunato Depero" (1923),
simetría de Filippo Marinetti
Dos o tres semanas antes del fallecimiento del poeta, es decir, mucho antes de siquiera saber que EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero] iba a ser “algo”, por entonces solo era un par de estados en mi muro de la red social Facebook, eso sí con mucha coña; en aquellos días “las apariciones” consistían en una especie de mensajes cercanos a lo telepático. En uno de aquellos post publiqué un borrador sobre una ilustración que se acercaba al careto de aquel hombre, de nombre Leopoldo María Panero, que se me “aparecía” brevemente en el duermevela de aquellas primeras madrugadas.
En el hilo de comentarios surgió un pequeño debate sobre lo que habría de común en ciertos rasgos de la locura; la similitud de rasgos y parecido que comparten algunas personas con determinadas dolencias, como podría ser la locura, depresión, etc… La verdad, no me lo había planteado nunca, yo desconozco por completo que esto pudiera ser así. 
Resulta que uno de los comentarios apuntaba sobre el parecido de aquel borrador de Leopoldo con la cara del escritor norteamericano J. D. Salinger; tampoco tenía idea de esta casualidad, como poco después supe, leyendo alguna biografía, que el escritor de El guardián del centeno, sufría depresiones, brotes de desesperación y cierta angustia colérica que lo hundía en la cama de algunos psiquiátricos; también, con Leopoldo, puede que compartiese ese aislamiento premeditado para con el resto de sus congéneres, si bien, llevado al extremo hasta el final de sus días por el de Nueva York. 
Pasado unos meses, muerto el poeta, y la coña y la ficción empiezan a tomar apariencia de libro, recupero aquel borrador, entintado ya, para incluirlo en EL DEL MEDIO DE LOS PANERO. 
Aunque sigo desconociendo por qué hay ciertas personas que aparentan facciones parecidas entre ellas, y por qué muchas veces decimos cómo me recuerda a tal o cuál, según ciertos criterios, no deja de resultarme curioso un libro con el que di, gracias a “LEOPOLDO MARÍA PANERO: ENFERMEDAD MENTAL Y LITERATURA”, de Sergio Augusto Sánchez Bustos, (U.C.M, FACULTAD DE MEDICINA, Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública (Historia de la Ciencia), Madrid, 2012) y que contenía un texto, si no revelador, bastante curioso, y que de alguna manera conseguía que entendiese la razón de aquellas particulares similitudes entre personas con determinados padecimientos; aunque salvando las distancias y seguro que con muchas discrepancias también.
Aquel texto, del psiquiatra y criminólogo italiano Echia Marco (Cesare) Lombroso (1835-1909), sostiene y concreta en l’Uomo Criminale (1876) categorías de delincuentes en base a las medidas craneales, formas de la cara, etc; en él se emparenta a través de un particular recorrido, a ladrones, violadores, asesinos, revolucionarios, epilépticos, prostitutas, homosexuales, niños, salvajes, etcétera. Seguro que alejado de lo científico, y muy cerca de la impronta, como suele suceder cuando enjuiciamos o prejuzgamos a las personas, desde el punto de vista de la bondad o la malicia. 
Quizá por ello me alegre de no solo por lo que en aquella ilustración quería reflejar, sino también por el contenido de estas apariciones apócrifas que engloba EL DEL MEDIO DE LOS PANERO,  y que todo  tenga que ver más con una realidad del subconsciente, onírica e imaginaria y también irracional; siempre mucho más allá que con cualquier otra la realidad, sobretodo física.

sábado, 17 de enero de 2015

El Eremita de los cojones...

Figura de San Antón Abad, detalle del Cerdo. (Imagen internet)

Pero yo digo que el hombre es pastor del excremento 
Y señor solo de la rabia 
Y habitante único del salmo. 

Leopoldo María Panero, (extracto) del Poema IV, en Rosa enferma (Huerga Fierro Ed.,2014)


Hoy quería celebrar San Antón con vosotrxs. Por ser el día de los Animales y por el encontronazo que sufre con San Juan de la Cruz y con San Antonio Abad, en un par de capítulos (XV, XVI) de Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero, "el Leopoldo apócrifo”. La “típica” novatada de recién llegado, una especie de bullying verbal y psicológico, que le convierte en un marginado, una vez más, al igual que en la última parte de su vida, pero esta vez situado en su particular inexistencia, que es el lugar donde sitúo a mi peculiar “Panero”. Sí que es verdad que el eje del libro se toma desde la perspectiva del sentido del humor, pero eso no quita para que al fin y al cabo esta especie de hostigamientos tengan que ver con la exclusión y el aislamiento, habituales en las víctimas que sufren este tipo de malos tratos. El/los acosador/es impiden a la víctima participar, ignorando su presencia y no contando con él, en las actividades normales (estudios, oficios hobbys, etc) de la comunidad. Si en este país hubo un poeta obviado por el establishment poético, ese fue Leopoldo María Panero; excluido de la oficialidad, no por la calidad de su obra poética, en la que prácticamente coincide todo el mundo, sino por la incomodidad que producía solamente su mera presencia en un tipo determinado de acontecimientos y ante determinadas personas.

viernes, 16 de enero de 2015

Éramos tan felices. Los Panero, cierzo y silencio.

Bajo el título Éramos tan felices. Los Panero, cierzo y silencio, se presentaba este verano pasado en Castrillo de las Piedras (Astorga, León) una dramatización producida por el Ayto. de Valderrey y la compañía Emboscad@s Producciones. En el mismo lugar de la finca de la familia Panero; donde también se rodó la película El desencanto, de Jaime Chávarri (1976), y que en 1994 también aparecería en el film de Ricardo Franco, Después de tantos años. La obra parece ser que está basada en los últimos momentos de la vida de Leopoldo Panero y en ella, en diferentes pasajes, con el estupendo fondo sonoro de la tristeza de un chelo, aparecen en boca del elenco de actrices y actores, textos y poemas, tanto de Panero padre, como de Juan Luis, el hijo mayor, y, el del medio, Leopoldo María Panero

Esta representación la tenía apuntada como aporte de material para EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero], pero que, sin embargo, no utilicé porque no se ajustaba a algunas de mis pretensiones primeras. Aunque esto no quiere decir que no me haya gustado, porque he de decir que sí, que me  agradó mucho ese halo que desprende  la puesta en escena simple y básica de esta obra, como un huir de lo mítico, para desidealizar la realidad y el no querer comulgar con lo sabido. Por lo tanto, la propuesta se torna original, como una especie de recital de poesía, en este caso, al aire libre. Algo que a mi juicio se aleja del reality show y el chascarrillo; aún así, en contraposición, no consigue que me olvide de lo obvio, y que me lleva a una de las cosas que sí me llamó la atención, de las veces que he videado Después de tantos años, por ejemplo; y que era aquella frase de José Moises Santiago [Michi] Panero: “éramos tan felices”. Que espetaba, no pocas veces, con más sorna que nostalgia, el pequeño de los Panero. 



Ficha artística y técnica

Intérpretes:
César M. Catalina / Leopoldo Panero
Inés Diago / Felicidad y Juan Luis
Luis Miguel Sanz / Juan Luis y Viola de Gamba
Ana Silva / Michi y Leopoldo Mª Panero.
Dirección: Ana Silva
Dramaturgia: Emboscad@s Producciones S.Coop.
Texto original:  Leopoldo Panero  –  Juan Luis Panero  –  Leopoldo Mª Panero  –  Emboscad@s Producciones S. Coop.
Música:  Luis Miguel Sanz.
Vestuario y atrezzo:  Emboscad@s Producciones S. Coop.
Mascara: Gabriel de Paz

Diseño gráfico:  Javier Galán  – Miguel Rejas

jueves, 15 de enero de 2015

SIETE DEL SEIS DEL DOS MIL SIETE

Si he conocido alguna vez a alguien que sienta verdadera pasión por la figura, por la vida y obra, de Leopoldo María Panero, ese es mi colega Andrés Ramón Pérez Blanco,El Kebrantaversos”. De hecho, existen ciertos paralelismos en la poesía de Andrés: Sátelite de inhóspito planeta (Edición de Autor, 2008) y No hay prosa (Groenlandia, 2011), con algunas partes de  la obra del de Astorga, sobre todo en su “Satélite de…”. Resulta que la primera vez que tuve ocasión de tomar unas cervezas con mi colega, fue también, la vez primera en la que tuve oportunidad de ver en directo a Leopoldo María Panero. Os lo cuento:
Moría la primavera del año 2007, era una tarde de junio, y había quedado con “El Kebran” para conocernos de una puta vez: físicamente, ya que virtualmente nos conocíamos de unos meses atrás. Habíamos quedado en la Fnac de la Pza. Callao, en Madrid, porque él vivía por entonces en Illescas, Toledo, y tenía pocas ocasiones para desplazarse a Madrid. De manera que, por dos motivos, esta sería una buena ocasión para acercarse a la ciudad.

Ese día se presentaba allí lo que recién “había” publicado Panero; el título “PAPÁ, DAME LA MANO QUE TENGO MIEDO”, un libro de prosa, y “JARDÍN EN VANO”, un poemario escrito a “dos manos” junto con el singular Félix Caballero. Lo presentaban, a un lado y a otro de la mesa, Eugenia Rico y Diego Medrano. El “autor”, que ocupaba el centro de la mesa, de vez en cuando era interpelado; sobretodo, si se necesitaba de una gracieta o un chiste, para desengrasar la mesura que cabía intuir dentro de la seriedad, que se le pre-supone a este tipo de presentaciones. A mí, particularmente, me parecía una puesta en escena agrisalada, entre lo patético y lo triste, mejor dicho: lo muy triste. Pero, parece ser, que normal. Leopoldo en su mundo, en el papel habitual de saberse el centro de todas las miradas. Los acompañantes, en el suyo, que a decir verdad, no distaba mucho de del protagonista; la idea, supongo, era la de seguir la contracorriente del salmón hasta llegar al esperpento oceánico. Lo consiguieron. 

Recuerdo también que no fue una presentación muy concurrida. Y lo mejor de todo, es que fue breve. Yo, ya había visto bastante como para comprender de qué iba eso del buenrollismo y el tanto nos queremos en la literatura de este país. Posteriormente, he acudido a infinidad de presentaciones de libros, si bien con autores menos excéntricos, pero no menos conocidos que Leopoldo María Panero y lo cierto es que los mimbres de la pantomima y la jilipollez no difieren mucho a lo sucedido ese día. Incluso, todo hay que decirlo, yo mismo he sido participe en unas cuantas.

Aquella tarde mi colega consiguió uno de sus propósitos, como era “intercambiar” algunas palabras y hacerse unas cuantas fotografías con Leopoldo; y yo, —que preferí ponerme al otro lado de la cámara, más que nada porque soy menos fotogénico que un calcetín amarillo y también porque Andrés me había pedido ese favor, el de fotografiar a ambos—, también creo que saqué algo en claro.

Leopoldo María y El Kebran, de charleta.
Terminado el paripé, El Kebran y yo, tomamos camino hacia Malasaña, al Bukowski Club; allí cumplimos la segunda parte del trato: nos hinchamos a cervezas, brindamos por el milagro de la amistad y nos reímos un rato por lo acontecido. Así que hoy, era de ley, el iniciar esta bitácora con el recuerdo de aquella tarde, para mí entrañable ya. También quise que fuese de ley, el mostrar mi primera gratitud en el libro de Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero a El Kebrantaversos, por aquel siete del seis de dos mil siete, el día en el que te conocí, amigo mío; y, en esa misma casualidad, el día en el que experimenté, por primera vez, al Leopoldo María Panero real y frágil; pero también supe del Panero muñeco, títere, marioneta, fantoche, pelele, espantajo, etcétera…

miércoles, 14 de enero de 2015

EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones de Leopoldo María Panero]

TIPOGRAFÍA: AugenEyes. Letra "r".

En esta bitácora se irá posteando todo el material de consulta que he ido acumulando meses atrás; poemas, artículos, biografías, curiosidades, enlaces, vídeos, y un montón de asuntos relacionados con la figura de Leopoldo María Panero, que me ha ayudado a estructurar y terminar de componer “EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero]", y que no tardando  mucho verá luz, gracias a Ediciones Lupercalia. De momento, hay poca cosa. Quería inagurarlo con un post sobre el documental Merienda de negros de la video-artista navarra Elba Martínez, grabado en Las Palmas de Gran Canarias en los años 2002 y 2003, pero para mí ha sido tan revelador este trabajo suyo y me ha servido de tanta ayuda (sobretodo para terminar de comprender mejor al sujeto Panero), que he decido darle un espacio importante en el blog, en la barra lateral, para que quede ahí, de por siempre.