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| "APARICIÓN", Felipe Zapico (c) 2014 |
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jueves, 14 de mayo de 2015
"APARICIÓN", by Felipe Zapico
lunes, 27 de abril de 2015
Lo advertía ya Leopoldo María Panero... (Por Aitor Francos)
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| EL DEL MEDIO DE LOS PANERO Según Chapu Valdegrama (c) 2015 |
Lo advertía ya Leopoldo María Panero en sus Tres historias de la vida real, los apócrifos terminarían sustituyéndolo: Mientras tanto en la casa de De Kooning, entre ruido de cadenas, siguen multiplicándose aparecidos. Para Gsús Bonilla, el atractivo del poeta surgió a partir de la muerte de éste; Bonilla afirma acercarse a él desde el absoluto desconocimiento (salvo por algún que otro poema que pudo leer en estos últimos años), y más, aclara, por curiosidad que por convencimiento. La portada de El del medio de los Panero tiene una llamativa instantánea de LMP en la Plaza de las Palomas de León, obra del fotógrafo José Ramón Vega. De los tres apartados del libro, el primero es una propuesta amena y participativa, son diálogos de Facebook que Bonilla ha recopilado y cuyo tema central es el poeta. La segunda parte me recuerda a una película de Woody Allen, Sueños de un seductor. A Allen se le aparecía Bogart en los momentos cruciales de su vida, y en los más comprometidos. A Bonilla, en cambio, le visita Leopoldo, desmejorado, fantasmal (seguramente no más fantasmal ni desmejorado que cuando estaba vivo) y aparatoso. En parte, podría entenderse que resurgiese para hablar y cuestionar los comentarios y artículos surgidos tras su fallecimiento, y para cerrar algunos cabos sueltos. Cada una de las apariciones se sucede tras unos versos del poeta (en el índice se señalan a qué libros pertenecen). En el último apartado, Bonilla decidió compartir el proyecto, pidiendo y recopilando textos, opiniones y experiencias, a escritores como David González, Ángel Guinda (que padeció a LMP una temporada en su domicilio, como se lee en El contorno del abismo, la biografía de LPM escrita por Benito Fernández) o a artistas visuales como Felipe Zapico. Interesante es la aportación de Alberto García Teresa, que en poco menos de una página describe con acierto al Panero irreverente y camaleónico, que nunca ocultó sus filias, el que desacralizó la figura de poeta, desligándose de etiquetas grupales, desde la desfachatez y la rebeldía. Otro de los colaboradores, Álex Portero, define así al poeta: Ingenuo, histrión, autoconsciente de su leyenda, falso y auténtico, egocéntrico y brillante. La mayoría defienden al LMP de personalidad magnetizadora, y no al que describen como títere comercializado, icono generacional, explotado sin escrúpulos, casi como un muñeco de trapo, el de los últimos años. Vicente Muñoz Álvarez, a este respecto, recuerda un número que le dedicó su fanzine Poemash y lo compara con aquellos indios norteamericanos, domesticados y exhibidos igual que anacrónicos peluches de feria.
Wittgenstein anotó en uno de sus diarios que uno vive eternamente si vive en el presente. Así le imagino yo a LMP: envuelto en la soledad de un mundo impenetrable. Un insecto prendido con alfileres, tan inquieto y desconcertante que en cualquier retrato que se le hiciera se revelaba a la larga siempre desenfocado.
Aitor Francos
martes, 7 de abril de 2015
Y Gsús Bonilla se atrevió con Panero
Por Jorge M Molinero/ 27 de marzo 2015/Presentación
"Bonilla siempre me pide presentar, un orgullo pero un marrón xq cada vez lo pone más difícil.
El libro va sobre las apariciones apócrifas que Leopoldo María Panero realiza al poeta extremeño. En el libro se cuenta con una pincelada que hay rasgos comunes entre los locos. También se dice entre los asesinos en serie. Es difícil aseverar que Panero y Bonilla comparten algún rasgo físico, pero cierto es que les une el talento y la manera de ruptura en la poesía.
Pero como he dicho antes, Bonilla lo pone muy complicado el cómo presentarle sin quedar como un imbécil, y para preparar esta breve introducción empecé a dar vueltas y vueltas hasta que me quedé dormido:
-eh, molinero, chisss, molinero, qué pasa que me pitan los oídos por tu culpa
-hostia, panero!! creí que sólo te aparecías a bonilla, tío, finalista del premio nacional de poesía y de la crítica, un fenómeno, yo soy un mindundi.
-jhe, jhe, es que como eres colega de él te quería preguntar: ¿qué le ha pasado en las elecciones andaluzas? Vaya patinazo ha dado el cabrón.
-¿elecciones? No te entiendo.
-joder, el moreno bonilla, que se ha caído con todo el equipo, que hijoputa, mucho comida para perros, poesía social y es del pp, ahora entiendo que me haya vendido como todos y se lucre a costa de mi memoria. Y encima no se deja meter mano el bello efebo.
-jaja, panero, qué no, que es otro, jaja.
-mis cojones, molinero, moreno bonilla, el poeta traidor no es un rubio querubín precisamente y bonilla, es bonilla, no me engañes: bah, No soporto la voz humana, mujer, tapa los gritos del mercado y que no vuelva a nosotros la memoria del hijo que nació de tu vientre.
-en serio, leopoldo, que no es el mismo, joder, si tu bonilla pasa de partidos y toda esa mierda, es muy escéptico y descreído, no le veo yo de político, y del pp, no jodas, imposible.
-si es que estoy mu dolido con el apolíneo bonilla, que me ha hecho títere y bufón de nuevo, como todas esas aves de rapiña que explotaron mi talento y mi locura.
-qué va panero, qué va, si al final las conversaciones que tiene contigo son solo una excusa para dar su opinión sobre muchos temas como la situación de la poesía, la amistad, las grandezas y miserias humanas, incluso el amor...
-ala, encima me utiliza y no me hace protagonista, se burla para soltar su mierda de siempre el cabrón, peor me lo pones, igual que el marica de bunbury, que me sacó del loquero, me dio tabaco y cocacola y se forró a costa de mi figura excelsa y decadente: oscuridad, nieve, buitres...
-no sé tío, yo ahí no me meto, para mí bonilla y bunbury...
-mira molinero, me voy, lo dejo, dile que tampoco es para tanto, que estoy de buen humor porque me he tomado una cocacola por aquí con el chavo.
-¿qué chavo?
-al que comes el rabo, jhe, jhe, jhe, te la he clavao, bacalao.
-muy buena sí... supongo que será el chavo del ocho.
-por el culo te la entocho, jajaja, vaya un tolai que eres molinero, al menos bonilla es mejor contendiente en lo dialéctico y mucho más apetecible carnalmente.
-sí, no me has llamado efebo ni una vez y no me has intentado meter mano -bueno te corto. Ah, se me olvidaba, me ha dao recuerdos para ti un tal michael hutchence, estaba de unos cojones, dice que se caga en tu puta madre y que te alegra un huevo de que estés vendiendo una mierda. Ala, a cascarla: por tu interior, te quiero por tu interior..."
NARCISO. MODESTO. Y EL AMOR PROPIO.
Gsús Bonilla, para Bebiendo versos
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| Cabecera de la bitácora Bebiendo Versos |
En los tiempos del rigor y el análisis tiene su aquél meterse en el berenjenal de las ocurrencias. De manera que afrontar un nuevo paisaje sobre la figura de Leopoldo María Panero es penetrar en un atolladero del que uno no sabe bien cómo va a salir. Tampoco es que me importe mucho. Escribes con el único propósito de ser fiel a ti mismo y volver a habitar tu pequeño espacio de libertad absoluta. Tengo idealizada a la poesía —que podría extrapolar al campo narrativo— como un lugar o espacio libre, en el que el individuo obra, o no, según su inteligencia o antojo. Esta afirmación no es nueva, solo es una conclusión simplista que nace después de pasar varias horas, durante semanas, frente al estante de la sección de poesía en una biblioteca pública cualquiera. Una vez encontré un libro de mística allí, mal ubicado. En una de sus solapas estaba escrito: No busques. Aquello que es, es. Detente y mira. Dicho lo cual, tampoco trato de engañar a nadie, ni engañarme a mí mismo. Así pues, otra verdad sería, que en esta nueva propuesta abordé la figura, la vida y obra, de Leopoldo María Panero desde el absoluto desconocimiento, más allá de algún que otro poema que pude leer en estos últimos años, y más por curiosidad que por convencimiento. A decir verdad, siempre fue un poeta que me atrajo más bien poco. Personalmente me es muy difícil tener cierta empatía por aquellos que su proyecto personal, sea del ámbito que sea, esté por encima de todo lo demás. Si acaso, de vez en cuando, te queda reírles las gracias, y a veces de mala gana. En el mundo de la poesía la figura del egoísta moral, tiene mucho recorrido y no dejan de ser curiosos los personajes, a veces sobreactuaciones de sí mismos, que habitan en él. Respetables, por supuesto, pero nada más. Por tanto, Leopoldo María Panero lo que sí me ofrece es una serie de guiños y ganchos para afrontar el derrotero del humor y la ironía (para mi regocijo), con una idea de juego y diversión, para puro disfrute de uno mismo, en un momento complejo de mi vida personal. Una de las conclusiones que podríamos sacar de este autor es la de que era un enfermo diagnosticado y tratado por la Psiquiatría, sí, pero también la de un enfermo de literatura —también diagnosticado—; aunque a diferencia de su mal físico, en este otro mal de espíritu, lo que se atisba es que tuvo un tratamiento diseñado y personalizado por todo aquello que rodea al mundo de la literatura, donde hay mucho de fingimiento, de hipocresía y engaño, y todos estos elementos tienen que ver mucho con la ficción y El del medio de los Panero [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero], entre otras cosas, es un libro de ficción. Y la ficción solo es eso: Ficción.
Pero no sólo de ficción malsevive en la lectura. El libro se compone de tres partes, si bien la dos primeras tienen que ver con la casualidad y la ficción, la tercera no tiene nada que ver con la improvisación y es la más premeditada de las tres, a la hora de confeccionar el libro, cuyo eje principal iba a ser Leopoldo María Panero. Había un “exceso” de irrealidad en todo, y ciertamente me parecía un cambio muy drástico en comparación con mis anteriores propuestas literarias. El libro, su parte central, está ideada en supuestos encuentros con Leopoldo María, en ese estado en el que uno trata de conciliar el sueño, por tanto el diálogo que acontece está dotado de imposibles y absurdos, en ocasiones rozando lo delirante. Pensé que no estaría de más darle algo de equilibrio a la propuesta, porque también sería bueno para dar credibilidad a mi personaje; entonces tenía que ofrecer en una de las partes del libro esa veracidad que rodea al mito Leopoldo María Panero y situarlo en contraposición al hecho ficticio, y quería hacerlo con alguien cuya experiencia vital con el autor había sido vivida en primera persona. En un primer momento concebí esta particularidad como una especie de epílogo para cerrar el libro, pero estos procesos creativos son muy enriquecedores cuando los compartes y no los guardas en tu estudio como si fuese el mejor de los tesoros; en esa peripecia de dar a leer a unos y otros tus borradores surgió la idea de por qué en vez de uno, no fuesen varios los que aportasen su punto de vista en esta parte del libro, y además, por qué no hacer que este acontecimiento se apuntalara desde diferentes perspectivas; por tanto, lo que ocurre en este extenso epílogo es que se ha convertido en, como dije, la parte tercera del libro, y, no me cabe duda, que la más importante, cosa que agradezco inmensamente a quienes han colaborado en ella. En la misma se dan cita editores, poetas, creadores, libreros, críticos, periodistas, lectores, amigos personales del poeta, que se suceden entre sí construyendo de esta manera una nueva realidad de Leopoldo María Panero, muy similar a la que todo el mundo ya conoce, pero que en este caso, la diferencia radica en que la mayoría de los/as que proponen este nuevo panorama no sale en ninguna de las biografías o ensayos de los que se hayan podido escribir hasta ahora sobre el poeta. Y esta propuesta literaria se ha agrandado y enriquecido gracias a los autores que en ella han colaborado: Alberto García-Teresa, Alex Portero, Alpasky, Ángel Guinda, Charo Fierro, David González, Elba Martínez, Eloísa Otero, Esteban Gutiérrez Gómez, Felipe Zapico, José Ángel Barrueco, Julio César Álvarez, María Ángeles Maeso, Óscar Ayala, Sor Kampana y Vicente Muñoz Álvarez. Así como la magnífica aportación para la cover de este libro, sobre una instantánea de Leopoldo María Panero en la Plaza de las Palomas de León, obra del fotógrafo leonés José Ramón Vega.
martes, 24 de marzo de 2015
miércoles, 18 de marzo de 2015
Gsús Bonilla invoca a Panero...
Cristina Fanjúl | león 18/03/2015
Acaba de presentar Gsús Bonilla El del medio de los Panero, que se subtitula Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero. El título ya muestra cuál es la intencionalidad con la que surge una obra que busca, ante todo, volver a descubrir al personaje que se escondía tras la persona. Destaca el poeta que en ocasiones recurre a la narrativa con una idea de juego y diversión. Este podría ser el caso, pero no sólo porque, como él mismo sostiene, «mi Leopoldo María personaje y aparecido, tiene que ver más con un cúmulo de circunstancias, en esa desconexión (por decirlo de alguna manera), cercanas a la casualidad y el puro azar». Más que un libro, esta aparición es un lugar, un lugar que Bonilla denomina como «mi universo Panero», un espacio en el que, como ocurre en la figura de Leopoldo María, hay mucho de cuento, de fábula, de fantasía, de imaginación, de invención, pero también de fingimiento, de hipocresía y engaño. Ficción o realidad. ¿Qué más da? A veces sólo se puede llegar a la segunda a través del camino que nos pauta la primera.
Encuentros con Panero
Gsús Bonilla conoció al escritor, «al Panero real, del que todos hablan; al Panero frágil, que en cierta manera es al Panero que yo atiendo en este libro» pero también, conoció al Panero títere de otros, al «espantajo», al Panero con el que muchos hacían espectáculo, el producto cuya locura se explotó para vender... los otros, el infierno...
Para esta ‘concelebración’, Gsús Bonilla ha invitado a escritores como Julio César Álvarez, Eloísa Otero o Vicente Muñoz, entre otros, en una fiesta literaria que, según asegura, ha tenido mucho de exceso. Y es que para el autor su Panero, el que se refleja en el libro, no dista nada del Panero real, de ese al que todos dicen conocer.
Para este libro, Gsús Bonilla afrontó la figura, la vida y obra, de Leopoldo María Panero desde el absoluto desconocimiento y «más por curiosidad que por convencimiento». Confiesa que fue precisamente después de su muerte y por obligación, que comenzó a interesarle la obra del poeta. La parte germinal del libro está ideada en supuestos encuentros con Leopoldo María, «en ese estado en el que uno trata de conciliar el sueño». Este extremo dota al libro de ‘imposibles’ aparentes, de anécdotas ‘absurdas’ que, «rozan lo delirante». «Pensé que no estaría de más darle algo de equilibrio a la propuesta, porque también sería bueno para dar credibilidad a mi personaje», explica Bonilla, que para conseguirlo trató de ofrecer veracidad. «En un primer momento concebí esta particularidad como una especie de epílogo para cerrar el libro, pero estos procesos creativos son muy enriquecedores cuando los compartes», dice. Así fue que el libro se conviertió en una fuente inagotable de tesoros regalados por amigos que aportan su punto de vista desde diferentes perspectivas. Editores, poetas, creadores, libreros, críticos, periodistas, lectores y amigos personales del poeta se suceden entre sí construyendo de esta manera una nueva realidad de Leopoldo María. «La originalidad radica en que la mayoría de los que proponen este nuevo panorama no sale en ninguna de las biografías o ensayos de los que se hayan podido escribir hasta ahora sobre el poeta». Pasen y lean.
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Reseñas
jueves, 12 de marzo de 2015
La sinopsis... o la chapa.
Para celebrar la sinopsis (que hasta ahora era un secreto a voces) de Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero, estas chapitas que se han currado los colegas Zoografico Rodrigo y Jose Naveiras y que han quedado bien majas, que además acompañaran al libro de El del medio de los Panero, para todos/as aquellos/as que adquieran un ejemplar en la presentación de mañana, en la librería bar Vergüenza Ajena.
EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas Leopoldo María Panero] (Ediciones Lupercalia, 2015)
SINOPSIS:
A día de hoy Leopoldo María Panero es un alma en pena que vaga no se sabe muy bien por dónde, si por el limbo o por la inopia. Acaba de aterrizar en un mundo nuevo para él. Mientras se acopla le abordan algunas inquietudes, muy parecidas a las que tuvo en vida; entre otras cuestiones, le preocupa el trato que se está dando a su persona, a su figura, a su vida y obra, después de muerto. No entiende nada. Visto desde arriba, desde otra perspectiva, el mundo de los no muertos sigue siendo el mismo de siempre, de puñalada trapera.
En ese tránsito hacia la nada y por cosas del azar, elige al Bonilla, un proyecto de poeta, al que le cuesta conciliar el sueño, para descargar sobre él sus preocupaciones y desacuerdos; también, con la intención de que el poetastro le sirva de vocero ante sus acólitos; aunque, ya se sabe, en lo sobrenatural luego puede ocurrir de todo.
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miércoles, 4 de marzo de 2015
[Aparición XXVIII] 29/11/2014 (Extracto)
Nota: Qué se le va a hacer querido Leopoldo María, Google hoy dedica su doodle a un tal Gerardus Mercator por el 503 aniversario de su muerte; con la ilusión que te hacía ¿eh?. Pero ya lo sabes, los veteranos son los veteranos, las canas son un grado, y en la nada también...
[Aparición XXVIII] 29/11/2014 ó Dicen que estoy vivo y me llamo de algún modo y vanamente escribo, sobre la sombra cruel de la pared. (Extracto)
—¿aló?... ¡holaaaaaaa!...; ¿hay alguien?...
—eh, sí... claro...
—¡ese bonilla!...; tío, estás marmota total... coño, que ya amaneció...
—hey leopoldo...; ostras, sí, sí que se ha hecho de día... pero tú... ¿tan tarde, por aquí?...
—por supuesto, cómo no, claro que sí... de guardia, 24 horas... after hours... seven & eleven, pa lo que sea menester, faltaría más...; oye bro... que digo yo, y en vista de que tú pasas de estas historias..., pero en el tema de mi aniversario... que tendremos que hacer algo conmigo, ¿no?...; tú ya sé, pero, para mí esto de pintar la mona siempre fue mu de mi agrado..., así que...
—¿el de tu muerte?...; leopoldo, no jodas... si todavía queda mucho para eso...
—anda, mírale... qué jodío...; me la suda bro..., que aunque tu seas un muermo, a mí no me vas a joder... ¡tú no sabes lo que me quiero yo, y el amor que siento por mí mismo!...; no, no, tú qué vas a saber... si eres la falta general de ciencia y cultura..., el desconocimiento y la inaptitud...; amos, la ignorancia con patas...
—joder macho, el constipado te ha dejado mal, ¿eh?...; pero, si no te va a faltar de nada... no te preocupes, leopolodo...; ya verás cuando se vaya acercando la fecha...; conmemoraciones y homenajes, los vas a tener a espuertas...; vamos, vas a estar más que cumplido... vaya que sí...
—¿en serio?; joder bonilla, me das un alegrón...
—si hombre, sí... o es que ya no te acuerdas de la parafernalia que acompaña a estas cosas...; vamos, y libros sobre ti, ni te cuento... además, acuérdate de todo el material inédito que tienes por ahí, desperdigado... lo vas flipar...
—¡coño, pues si que!...; ya pero, también me la suda mucho... amos, que me la pela...; porque fíjate tú a las alturas que estamos del año... y allí ando...
—¿dónde?...
—sí, sí... ahora, no te hagas el mortadelo...; allí están mis pavesas, en el hospital del tocapelotas ese de negrín... allí, en las palmas...; no sé qué pollas pinto allí todavía..., anda que tú también, anda que me hiciste el recao que te mandé...
—ostras, ¿sí?...; bueno, yo no fui, por lo que no fui... y lo sabes...
—bonilla, bro...; pero yo ahora lo que más quiero en la inopia... lo que más ilusión me haría de tó las cosas, ¿sabes?...; ¿sabes, lo que sería?...
—pues no leopoldo, no lo sé...; venga va, dispara...
—pues es que, el guguel ese, me hiciese un doodle de esos...; y que apareciese la noticia en tó el interné, y en los periódicos, y en las televisiones... y en las radios, sí, también en las radios...; una cita de esas, que diga, como por ejemplo... “una vez más, el buscador guguel brinda un homenaje a un escritor excelente, maximus entre los de su especie, el más importante, el mejor de tós”...
—¡coño, bro! ¿los dibujines esos del google?...; claro, eso estaría muy bien...
—bueno...; y si me dejas, ya que estamos, también me haría mucha ilusión tocártela...; tocarte la morcilla, digo...
—ya estamos...; ¡joder panero!... que no, ya te lo dije la otra noche...
(...)
EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero] (Lupercalia Ediciones, 2015)
—¿aló?... ¡holaaaaaaa!...; ¿hay alguien?...
—eh, sí... claro...
—¡ese bonilla!...; tío, estás marmota total... coño, que ya amaneció...
—hey leopoldo...; ostras, sí, sí que se ha hecho de día... pero tú... ¿tan tarde, por aquí?...
—por supuesto, cómo no, claro que sí... de guardia, 24 horas... after hours... seven & eleven, pa lo que sea menester, faltaría más...; oye bro... que digo yo, y en vista de que tú pasas de estas historias..., pero en el tema de mi aniversario... que tendremos que hacer algo conmigo, ¿no?...; tú ya sé, pero, para mí esto de pintar la mona siempre fue mu de mi agrado..., así que...
—¿el de tu muerte?...; leopoldo, no jodas... si todavía queda mucho para eso...
—anda, mírale... qué jodío...; me la suda bro..., que aunque tu seas un muermo, a mí no me vas a joder... ¡tú no sabes lo que me quiero yo, y el amor que siento por mí mismo!...; no, no, tú qué vas a saber... si eres la falta general de ciencia y cultura..., el desconocimiento y la inaptitud...; amos, la ignorancia con patas...
—joder macho, el constipado te ha dejado mal, ¿eh?...; pero, si no te va a faltar de nada... no te preocupes, leopolodo...; ya verás cuando se vaya acercando la fecha...; conmemoraciones y homenajes, los vas a tener a espuertas...; vamos, vas a estar más que cumplido... vaya que sí...
—¿en serio?; joder bonilla, me das un alegrón...
—si hombre, sí... o es que ya no te acuerdas de la parafernalia que acompaña a estas cosas...; vamos, y libros sobre ti, ni te cuento... además, acuérdate de todo el material inédito que tienes por ahí, desperdigado... lo vas flipar...
—¡coño, pues si que!...; ya pero, también me la suda mucho... amos, que me la pela...; porque fíjate tú a las alturas que estamos del año... y allí ando...
—¿dónde?...
—sí, sí... ahora, no te hagas el mortadelo...; allí están mis pavesas, en el hospital del tocapelotas ese de negrín... allí, en las palmas...; no sé qué pollas pinto allí todavía..., anda que tú también, anda que me hiciste el recao que te mandé...
—ostras, ¿sí?...; bueno, yo no fui, por lo que no fui... y lo sabes...
—bonilla, bro...; pero yo ahora lo que más quiero en la inopia... lo que más ilusión me haría de tó las cosas, ¿sabes?...; ¿sabes, lo que sería?...
—pues no leopoldo, no lo sé...; venga va, dispara...
—pues es que, el guguel ese, me hiciese un doodle de esos...; y que apareciese la noticia en tó el interné, y en los periódicos, y en las televisiones... y en las radios, sí, también en las radios...; una cita de esas, que diga, como por ejemplo... “una vez más, el buscador guguel brinda un homenaje a un escritor excelente, maximus entre los de su especie, el más importante, el mejor de tós”...
—¡coño, bro! ¿los dibujines esos del google?...; claro, eso estaría muy bien...
—bueno...; y si me dejas, ya que estamos, también me haría mucha ilusión tocártela...; tocarte la morcilla, digo...
—ya estamos...; ¡joder panero!... que no, ya te lo dije la otra noche...
(...)
EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero] (Lupercalia Ediciones, 2015)
EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero]. En pre-venta
Ya se puede adquirir en pre-venta "El del medio de los Panero" y además os podéis llevar gratis un ejemplar de "El descrédito" (viajes narrativos en torno a Louis Ferdinand Celiné), si lo reserváis ya.
Toda la info en este enlace:http://www.edicioneslupercalia.com/
Toda la info en este enlace:http://www.edicioneslupercalia.com/
martes, 3 de marzo de 2015
viernes, 20 de febrero de 2015
el «tit for tat» que, por su juego de dardos y flechas, de coñas y contracoñas, mantuvieron en vida el Leopoldo y el Michi
Me preguntaba por qué nos gusta tanto el morbo, el por qué de esa curiosidad hacia lo desagradable, lo cruel; ese huronear en la pobre vida de los otros. Puede que porque nos fascine la vida privada de los demás, o probablemente, porque nos gusta sólo sí porque sí, no lo sé. A mi juicio es que hay algo de emocional en ello. Un poco porque somos seres impresionables y cobardes, con el deseo de asumir la vida de otros, cualquier otra al margen de la rutina y el hábito propios; luego, hay un mucho por el mero hecho de que somos así por naturaleza, curiosos e impertinentes seres sociales, que nos alegramos o nos decepcionamos con el fracaso o el acierto del semejante. Quizá todo tenga que ver con la autodefensa, o puede que no, y que todo sea autocomplacencia o el mismo gozo.
Como una malsana afición, la simpatía o el desprecio por el clan Panero. No sé si otra familia literaria ha despertado tanto interés para el que escribe, para el que lee. Supongo que la miseria y el descrédito es el mismo sustento para unos y otros. Pero si hay alguien, dentro de esta estirpe, que destaca en menoscabo y jaculatorias son, por este orden, Leopoldo María y José Moises Santiago [Michi] Panero; que desde que tuvieron conocimiento para discernir asumieron ese rol sustancioso y vitaminado, maná de fábula y mito, de pertenencia y supervivencia, de realidad. Dos figuras, mano a mano, estirando como chicle viejo la leyenda.
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El cineasta Ricardo Franco junto a Leopoldo María Panero
y Michi Panero. Foto de Ricardo Gutiérrez. Febrero 1995
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Más allá que mis ganas de ganear con las palabras y los pensamientos, que me asaltan mientras desarrollo una ficción para mi recreo y el posible divertimento de otros, me interesaba para Las apariciones apócrifas el «tit for tat» que, por su juego de dardos y flechas, de coñas y contracoñas, mantuvieron en vida el Leopoldo y el Michi; quizá porque entendí que la verdadera hostilidad se daba entre Leopoldo María y Juan Luis, el mayor de los Panero, como se cuenta en la biografía de J.Benito Fernández, El contorno del abismo, donde sostiene el biógrafo que «los dos hermanos mayores se ignoraban ceremoniosamente». En mi irrealidad, por motivos festivos, solo doy cancha como dije, al Michi. El encuentro se produciría en la Aparición XII, que titulo con unos versos de relación y coexistencia, seguro que creados en otro contexto, pero ahora más que significativos para mí, del poema ‘Contra España y otros poemas de no amor’: He aquí las ratas que molestan a las ratas en el inmenso albañal que se llama vida.
—jhe, jhe, jhe...
—¡hostia puta, tú!...
—¿ves, josé moisés?, con la hache intercalada, así es cómo se
ríe... así es cómo funciona esto; así que, arreando y a lo tuyo...; y sí, éste es el bonilla que yo te decía... así que puerta, camino y el litri...
—¡panero, tío!...; en cada aparición te superas...
—¡ese bonilla!, ¿a que sí?... jhe, jhe, jhe...
—¡no jodas que ése era tu bro!..., ¿el michi?...; no me dio tiempo de verlo bien.
—sí colega, que está que lo flipa con “el bonilla”...; que si bonilla p’allí, que si bonilla p’allá...
—¡anda!
—pero ya le he dicho: que al bonilla güay, sólo se le aparece mi menda lerenda...
ríe... así es cómo funciona esto; así que, arreando y a lo tuyo...; y sí, éste es el bonilla que yo te decía... así que puerta, camino y el litri...
—¡panero, tío!...; en cada aparición te superas...
—¡ese bonilla!, ¿a que sí?... jhe, jhe, jhe...
—¡no jodas que ése era tu bro!..., ¿el michi?...; no me dio tiempo de verlo bien.
—sí colega, que está que lo flipa con “el bonilla”...; que si bonilla p’allí, que si bonilla p’allá...
—¡anda!
—pero ya le he dicho: que al bonilla güay, sólo se le aparece mi menda lerenda...
miércoles, 18 de febrero de 2015
Booktrailer del libro EL DEL MEDIO DE LOS PANERO (Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero). Ediciones Lupercalia, 2015.
Este booktrailer no habría sido posible sin la colaboración de Elba Martínez, por facilitarnos las imágenes de Leopoldo María Panero, pertenecientes a su pieza de video-arte "Merienda de negros" (Las Palmas, 2002-2003); el grupo de música punk GATILLAZO, por "Un minuto en libertad", incluido en su C.D "SIGLO XXI" (Maldito Records, 2013); Mónica Ferrero, por sus dedos y su "Olivetti"; Anna Loretta, por su gracia y sus peluches; Evaristo Páramos (La Polla, Gatillazo), por ponerle voz a Leopoldo y José Ramón Vega, por proporcionarnos la espléndida fotografía de Leopoldo María Panero en la Pza. de las Palomas (León, 2011). A Todos/as ellos/as ¡Gracias!
jueves, 12 de febrero de 2015
el poeta esgrime, a modo de hacha de guerra, un cigarro encendido en su puño izquierdo cerrado.
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| Portada de POEMASH |
Después de una primera época de grapa y fotocopia y tras una ausencia de unos pocos años, Silvia D Chica, Xen Rabanal y Vicente Muñoz Álvarez en el 2011 retoman el proyecto y una nueva ida digital, al que sumarían a Rodrigo Zoográfico, como nuevo tripulante para un novedoso diseño y afrontar así una segunda época de monográficos concretos, con temáticas dispares, al que se acompañan acertados homenajes, recogidos en un estupendo suplemento de nombre “Poemash”. Zombis, marcianos, quinquis o el salvaje oeste, han conformado sus últimos especiales. Heterodoxos como los poetas Raúl Nuñez, El Ángel o el mismísimo Leopoldo María Panero han sido venerados en sus páginas.
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| Editorial de POEMAS 'Deseo de ser piel roja' + Poema de Leopoldo María Panero |
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| Interior de POEMASH "Deseo de ser piel roja" |
Dicha fotografía también la vamos a utilizar para la cover de EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero]; Vega ha tenido esta consideración conmigo y con este libro, que no terminaré de agradecerle.
Una de las partes del libro, la tercera, y a modo de epílogo está compuesta por algunas subjetividades entorno a Leopoldo María Panero; todos los que han colaborado en este apartado nos hablarán de Leopoldo María; unos en base a su propia experiencia vital con el de Astorga, y otros lo harán desde diferentes puntos de vista. Autores, lectores, editores, críticos, etc, contraponen con su realidad u otro tipo de realidades a la ficción que previamente “aparece” en el libro; de manera que significativa es la intrahistoria que afecta a esta fotografía, y que recojo en EL DEL MEDIO DE LOS PANERO, gracias al texto de la periodista, bloguer y escritora Eloísa Otero, que también publicaría en TAM TAM Press, muy poco después de la muerte del poeta; y, gracias también, a Vicente Muñoz Álvarez, por recuperarla para el sagrario del Vinalia Trippers, como también nos contará en el libro.
miércoles, 4 de febrero de 2015
qué hijo de puta el asaltacunas...
Es el capítulo VII de Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero y necesariamente habría de llamarse 'Los dioses que matan a los hombres feroces, los dioses más feroces que los hombres', que son unos versos del poema Pavane pour un efant défunt, perteneciente al libro Narciso en el acorde último de las flautas (1979). El eje de este capítulo es bastante simple, y entronca con alguno de los diálogos de capítulos anteriores. A saber: En el otro mundo Panero dispone de conexión Wifi e internet, lee prensa y videa porno, aunque de esto último no le guste sacar el tema y reconocerlo; él está a sus cosas, descubriendo la oscuridad desde una nueva perspectiva; asombrándose de la nada. Aun así está al loro de todo.
—no…; vamos, no acostumbro…, ¿por qué?
—qué hijo de puta el asaltacunas…; y ¡qué resentido es!…; léelo, léelo…
—¡hostia panero!…; vaya mosqueo que tienes, ¿no?…
—ya no que diga que si mi obra es una mierda pinchá en un palo…; que diga, que si lo mío ha sio un postureo tó mi puta vida…; que diga, que si en uno de sus programas de full fue donde se inicio mi leyenda…; que si tal, que si pascual…; pero, ¿sabes lo que más me jode de tó, eh?…
—no…
—pues… que va y dice que los locos no tenemos amigos…; cagüen su puta calavera, tres veces por lo menos…
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| Pantallazo de Leopoldo María en el programa de Tve2 Negro sobre Blanco (Leopoldo María Panero ¿Caso clínico o caso lírico?) |
Bien pocas horas llevaba muerto Leopoldo María Panero cuando uno de los muchos obituarios, que por entonces aparecieron en prensa, me dejó patidifuso, por la inquina y el rencor que desprendía; además de la estupefacción que me produjo descubrir quién verdadera-mente había sido el hacedor del hombre y el personaje, de la leyenda Leopoldo María Panero. El texto aparecería en el diario derechista La Razón, bajo el nombre de “El ruido y la furia”, como la novela de Willian Faulkner, en la que también se trata (con más talento y mucha brillantez) el asunto de la decadencia de los individuos. Lo firmaba uno de los próceres de la literatura y el pensamiento de este país, el escritor Fernando Sánchez Dragó. Yo lo descubrí en la misma web del autor.
Desde las atalayas, los montones de estiércol o los últimos peldaños de las escaleras uno se siente poderoso y siempre todo parece más pequeño de lo que de verdad es. Todo es una ilusión óptica que te reconforta en el poderío de las alturas. Te supones águila y ves a los demás como empequeñecidos ratones campestres. Claro que, la mayoría de las veces, es a otros a los que les aborda el miedo del vértigo. A veces se decide descender cuanto antes de la corona para seguir en la planicie, pero solo a veces.
lunes, 26 de enero de 2015
Invento chistes para hacerme reír a mí mismo.
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| CORDÓPOLIS, 2012, Imagen de archivo |
En los tiempos del rigor y el análisis meterse en el berenjenal de las ocurrencias tiene su aquel. Afrontar un nuevo paisaje de la figura de Leopoldo María Panero es penetrar en un atolladero del que uno no sabe muy bien cómo va a salir, tampoco es que me importe demasiado. Escribes con el único propósito de ser fiel a ti mismo y volver a habitar tu pequeño lugar de libertad absoluta, donde uno es su único defensor. En cualquier caso, volver a redundar en lo dicho sobre el poeta está fuera de mi alcance, cada uno posee unas limitaciones y yo tengo las mías; tampoco es que se pueda decir mucho más de lo ya dicho y escrito, no sé si en este país hay otra figura literaria y contemporánea de la que se haya trazado tanto y tan fielmente su vida y obra. De él abundan las tesis, los análisis, las biografías, las antologías, los documentales, y un largo etcétera más de propósitos y despropósitos. Por lo tanto, qué otra perspectiva podría aportar yo.
A mí, por la deriva, me ha interesado buscar la benevolencia del sentido del humor para enfocar "Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero"; claro, que el humor visto desde una perspectiva nada convencional en literatura, ultrajando el buen gusto y haciendo de la comicidad un insoportable trapo usado; que aunque no deja de ser un reto, y siempre te quedará la duda de cómo abordó al receptor tu propuesta, la importancia verdadera reside, para mí, en un ejercicio de cierta empatía con tu personaje, serle lo más fiel posible. Lo demás puede que sea o no secundario, pero no me preocupa tanto.
Posteriormente uno se reafirma en lo escrito cuando descubre en la realidad piel de su personaje que ese contexto de lo impertinente e incluso lo soez, es un ecosistema por el que este animal de la literatura española caminaba autónomo y libre, quizá como último reducto de libertad; quizá fuese esa [su] espontaneidad, la única licencia tolerable al enfermo mental, y a mi juicio, ese algo identitario que nadie fue capaz de conducir o gobernar nunca. Esa literalidad que, quizá por ser una expresión natural, fue difícil y compleja de ficcionar.
Finalmente, por si me quedaba alguna duda, sería uno de sus poemas el que alejara estos pocos interrogantes y todo fuese más simple: Invento chistes para hacerme reír a mí mismo. Es lo que dice un verso en uno de sus poemas, y, qué queréis que os diga, particularmente me parece de puta madre.
martes, 20 de enero de 2015
La sonoridad de mi voz está en mis narices…
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| Imágen creada con VOICE DRAW: herramienta Flash para dibujar con tu voz. Los trazos van cambiando de dirección dependiendo del volumen del sonido que el micrófono capte. |
“Una de las características físicas más pronunciadas de Panero es su voz. Voz áspera que parece brotar de un pecho de caverna prehistórica, letanía a menudo ininteligible que somete al receptor a un estado de continuo estrés auditivo. Las citas con las que salpica continuamente su discurso suele recitarlas en el idioma original -francés, italiano o inglés- convirtiendo su mensaje en una textura discursiva de carácter babélico.”
De las cosas que me han resultado más dificultosas a la hora de concebir este compendio de “apariciones apócrifas” ha sido el imaginar cómo sería la voz que me interpela en los sucesivos diálogos. Qué sonido produciría el ya ficcionado Panero, ese algo impalpable que habría de intercambiar pensamientos y emociones, aleatoriamente, a salto de mata y siempre según le viniese en gana, conmigo.
A menudo me llegaba el conflicto a la hora de decidir si poner en situación o no al lector, ponerle en ambiente o marcarle algunas pautas para la comprensión de cada texto. Desarrollar un inicio, proponerle algunas razones para emplazarlo a un desenlace final. Que me perdonen los futuros lectores, si es que hay algo que perdonar. Pero la exposición de textos habría de ser más sencilla, más visual; algo que aportase una clarividencia que se acercarse lo más posible a mi experiencia nocturna con aquel ente, que llegase casi a lo ininteligible favoreciendo el factor de espontaneidad, transmitiendo la mayoría de las veces una información imprecisa, de manera que se llegara a concluir: esto ha de ser así porque el que habla y comunica es un personaje inexistente.
Aunque en las conversaciones hay cierta disimilitud entre el emisor, que expone el mensaje, que aportará toda la naturalidad y franqueza que le es posible, y el receptor, que solo se limita, con alguna excepción, a asentir, el juego está en el diálogo, lo único irremplazable y necesario para que en —Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero— y a través de su exposición habrían de hacer, por sí solas, creíble aquella voz, como si se tratase de algo verdaderamente irreal.
Si que es verdad que, en esa figuración, y al margen de los mensajes, cada lector va a percibir sonidos diferentes, bien diferentes a los que yo creo intuir; siempre bastantes cercanos a lo que nos pueda retrotraer la memoria, bien porque previamente oímos alguna vez al Leopoldo María real, en los múltiples archivos sonoros y audiovisuales que podemos encontrar en la red, o, simplemente, porque alguna vez se tuvo la posibilidad de intercambiar con él unas palabras. En cualquier caso, si habría de describir su voz, no podría hacerlo mejor que lo hizo Blanca Fernández en sus anotaciones, en el artículo Leopoldo María Panero: “…Y yo era feliz, y no estaba muerto” para la Revista Fábula, Nª23, junio 2007:
domingo, 18 de enero de 2015
La aparición del otro día.
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| "Fortunato Depero" (1923), simetría de Filippo Marinetti |
Dos o tres semanas antes del fallecimiento del poeta, es decir, mucho antes de siquiera saber que EL DEL MEDIO DE LOS PANERO [Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero] iba a ser “algo”, por entonces solo era un par de estados en mi muro de la red social Facebook, eso sí con mucha coña; en aquellos días “las apariciones” consistían en una especie de mensajes cercanos a lo telepático. En uno de aquellos post publiqué un borrador sobre una ilustración que se acercaba al careto de aquel hombre, de nombre Leopoldo María Panero, que se me “aparecía” brevemente en el duermevela de aquellas primeras madrugadas.
En el hilo de comentarios surgió un pequeño debate sobre lo que habría de común en ciertos rasgos de la locura; la similitud de rasgos y parecido que comparten algunas personas con determinadas dolencias, como podría ser la locura, depresión, etc… La verdad, no me lo había planteado nunca, yo desconozco por completo que esto pudiera ser así.
Resulta que uno de los comentarios apuntaba sobre el parecido de aquel borrador de Leopoldo con la cara del escritor norteamericano J. D. Salinger; tampoco tenía idea de esta casualidad, como poco después supe, leyendo alguna biografía, que el escritor de El guardián del centeno, sufría depresiones, brotes de desesperación y cierta angustia colérica que lo hundía en la cama de algunos psiquiátricos; también, con Leopoldo, puede que compartiese ese aislamiento premeditado para con el resto de sus congéneres, si bien, llevado al extremo hasta el final de sus días por el de Nueva York.
Pasado unos meses, muerto el poeta, y la coña y la ficción empiezan a tomar apariencia de libro, recupero aquel borrador, entintado ya, para incluirlo en EL DEL MEDIO DE LOS PANERO.
Aunque sigo desconociendo por qué hay ciertas personas que aparentan facciones parecidas entre ellas, y por qué muchas veces decimos cómo me recuerda a tal o cuál, según ciertos criterios, no deja de resultarme curioso un libro con el que di, gracias a “LEOPOLDO MARÍA PANERO: ENFERMEDAD MENTAL Y LITERATURA”, de Sergio Augusto Sánchez Bustos, (U.C.M, FACULTAD DE MEDICINA, Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública (Historia de la Ciencia), Madrid, 2012) y que contenía un texto, si no revelador, bastante curioso, y que de alguna manera conseguía que entendiese la razón de aquellas particulares similitudes entre personas con determinados padecimientos; aunque salvando las distancias y seguro que con muchas discrepancias también.
Aquel texto, del psiquiatra y criminólogo italiano Echia Marco (Cesare) Lombroso (1835-1909), sostiene y concreta en l’Uomo Criminale (1876) categorías de delincuentes en base a las medidas craneales, formas de la cara, etc; en él se emparenta a través de un particular recorrido, a ladrones, violadores, asesinos, revolucionarios, epilépticos, prostitutas, homosexuales, niños, salvajes, etcétera. Seguro que alejado de lo científico, y muy cerca de la impronta, como suele suceder cuando enjuiciamos o prejuzgamos a las personas, desde el punto de vista de la bondad o la malicia.
Aquel texto, del psiquiatra y criminólogo italiano Echia Marco (Cesare) Lombroso (1835-1909), sostiene y concreta en l’Uomo Criminale (1876) categorías de delincuentes en base a las medidas craneales, formas de la cara, etc; en él se emparenta a través de un particular recorrido, a ladrones, violadores, asesinos, revolucionarios, epilépticos, prostitutas, homosexuales, niños, salvajes, etcétera. Seguro que alejado de lo científico, y muy cerca de la impronta, como suele suceder cuando enjuiciamos o prejuzgamos a las personas, desde el punto de vista de la bondad o la malicia.
Quizá por ello me alegre de no solo por lo que en aquella ilustración quería reflejar, sino también por el contenido de estas apariciones apócrifas que engloba EL DEL MEDIO DE LOS PANERO, y que todo tenga que ver más con una realidad del subconsciente, onírica e imaginaria y también irracional; siempre mucho más allá que con cualquier otra la realidad, sobretodo física.
sábado, 17 de enero de 2015
El Eremita de los cojones...
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| Figura de San Antón Abad, detalle del Cerdo. (Imagen internet) |
Pero yo digo que el hombre es pastor del excremento
Y señor solo de la rabia
Y habitante único del salmo.
Leopoldo María Panero, (extracto) del Poema IV, en Rosa enferma (Huerga Fierro Ed.,2014)
Hoy quería celebrar San Antón con vosotrxs. Por ser el día de los Animales y por el encontronazo que sufre con San Juan de la Cruz y con San Antonio Abad, en un par de capítulos (XV, XVI) de Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero, "el Leopoldo apócrifo”. La “típica” novatada de recién llegado, una especie de bullying verbal y psicológico, que le convierte en un marginado, una vez más, al igual que en la última parte de su vida, pero esta vez situado en su particular inexistencia, que es el lugar donde sitúo a mi peculiar “Panero”. Sí que es verdad que el eje del libro se toma desde la perspectiva del sentido del humor, pero eso no quita para que al fin y al cabo esta especie de hostigamientos tengan que ver con la exclusión y el aislamiento, habituales en las víctimas que sufren este tipo de malos tratos. El/los acosador/es impiden a la víctima participar, ignorando su presencia y no contando con él, en las actividades normales (estudios, oficios hobbys, etc) de la comunidad. Si en este país hubo un poeta obviado por el establishment poético, ese fue Leopoldo María Panero; excluido de la oficialidad, no por la calidad de su obra poética, en la que prácticamente coincide todo el mundo, sino por la incomodidad que producía solamente su mera presencia en un tipo determinado de acontecimientos y ante determinadas personas.
jueves, 15 de enero de 2015
SIETE DEL SEIS DEL DOS MIL SIETE
Si he conocido alguna vez a alguien que sienta verdadera pasión por la figura, por la vida y obra, de Leopoldo María Panero, ese es mi colega Andrés Ramón Pérez Blanco,“El Kebrantaversos”. De hecho, existen ciertos paralelismos en la poesía de Andrés: Sátelite de inhóspito planeta (Edición de Autor, 2008) y No hay prosa (Groenlandia, 2011), con algunas partes de la obra del de Astorga, sobre todo en su “Satélite de…”. Resulta que la primera vez que tuve ocasión de tomar unas cervezas con mi colega, fue también, la vez primera en la que tuve oportunidad de ver en directo a Leopoldo María Panero. Os lo cuento:
Moría la primavera del año 2007, era una tarde de junio, y había quedado con “El Kebran” para conocernos de una puta vez: físicamente, ya que virtualmente nos conocíamos de unos meses atrás. Habíamos quedado en la Fnac de la Pza. Callao, en Madrid, porque él vivía por entonces en Illescas, Toledo, y tenía pocas ocasiones para desplazarse a Madrid. De manera que, por dos motivos, esta sería una buena ocasión para acercarse a la ciudad.
Ese día se presentaba allí lo que recién “había” publicado Panero; el título “PAPÁ, DAME LA MANO QUE TENGO MIEDO”, un libro de prosa, y “JARDÍN EN VANO”, un poemario escrito a “dos manos” junto con el singular Félix Caballero. Lo presentaban, a un lado y a otro de la mesa, Eugenia Rico y Diego Medrano. El “autor”, que ocupaba el centro de la mesa, de vez en cuando era interpelado; sobretodo, si se necesitaba de una gracieta o un chiste, para desengrasar la mesura que cabía intuir dentro de la seriedad, que se le pre-supone a este tipo de presentaciones. A mí, particularmente, me parecía una puesta en escena agrisalada, entre lo patético y lo triste, mejor dicho: lo muy triste. Pero, parece ser, que normal. Leopoldo en su mundo, en el papel habitual de saberse el centro de todas las miradas. Los acompañantes, en el suyo, que a decir verdad, no distaba mucho de del protagonista; la idea, supongo, era la de seguir la contracorriente del salmón hasta llegar al esperpento oceánico. Lo consiguieron.
Recuerdo también que no fue una presentación muy concurrida. Y lo mejor de todo, es que fue breve. Yo, ya había visto bastante como para comprender de qué iba eso del buenrollismo y el tanto nos queremos en la literatura de este país. Posteriormente, he acudido a infinidad de presentaciones de libros, si bien con autores menos excéntricos, pero no menos conocidos que Leopoldo María Panero y lo cierto es que los mimbres de la pantomima y la jilipollez no difieren mucho a lo sucedido ese día. Incluso, todo hay que decirlo, yo mismo he sido participe en unas cuantas.
Aquella tarde mi colega consiguió uno de sus propósitos, como era “intercambiar” algunas palabras y hacerse unas cuantas fotografías con Leopoldo; y yo, —que preferí ponerme al otro lado de la cámara, más que nada porque soy menos fotogénico que un calcetín amarillo y también porque Andrés me había pedido ese favor, el de fotografiar a ambos—, también creo que saqué algo en claro.
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| Leopoldo María y El Kebran, de charleta. |
Terminado el paripé, El Kebran y yo, tomamos camino hacia Malasaña, al Bukowski Club; allí cumplimos la segunda parte del trato: nos hinchamos a cervezas, brindamos por el milagro de la amistad y nos reímos un rato por lo acontecido. Así que hoy, era de ley, el iniciar esta bitácora con el recuerdo de aquella tarde, para mí entrañable ya. También quise que fuese de ley, el mostrar mi primera gratitud en el libro de Las apariciones apócrifas de Leopoldo María Panero a El Kebrantaversos, por aquel siete del seis de dos mil siete, el día en el que te conocí, amigo mío; y, en esa misma casualidad, el día en el que experimenté, por primera vez, al Leopoldo María Panero real y frágil; pero también supe del Panero muñeco, títere, marioneta, fantoche, pelele, espantajo, etcétera…
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